Vanessa despertó con un dolor de cabeza insoportable.
Por un momento no supo dónde estaba.
Tenía la mejilla apoyada sobre un brazo, la espalda dura, la boca seca y un sabor amargo pegado a la lengua. La luz de la mañana entraba por la cocina con una crueldad limpia, mostrando lo que la noche había dejado sobre la mesa.
La botella de vino estaba vacía.
La copa, caída de costado.
Una mancha oscura se había extendido sobre el mantel como una acusación.
Vanessa levantó la cabeza despacio y se