Esa mañana, Agustín llegó a la consulta unos minutos antes.
No entró enseguida. La verdad era que no quería cambiar de psicóloga.
Se quedó en la vereda, con una mano dentro del bolsillo del pantalón y la otra sosteniendo el celular sin mirarlo.Había dormido poco.El sillón lo estaba cansando.
La frase de Emma volvía sola.
No te voy a querer más.
Agustín apretó la mandíbula.
Hizo de tripas corazones y entró.
El psicólogo lo recibió con una cordialidad correcta. Le estrechó la mano, l