Cuando salió, miró la puerta del otro consultorio. El mismo al que antes esperaba entrar cada semana sin problemas. Deseaba que llegara ese día.
Esperó porque quería hablar con ella.
Lo necesitaba.
No sabía exactamente qué iba a decirle. Tal vez nada importante. Tal vez solo preguntarle si estaba bien después de lo que hablaron anoche. Tal vez escuchar su voz sin el teléfono de por medio. Había cosas que uno no entendía hasta que el cuerpo las hacía antes que la cabeza, y su cuerpo se quedó a