Sonia Calderón entró a la comisaría caminando despacio, con una mano apoyada sobre el vientre y la otra aferrada al brazo de su madre.
Esteban iba a su lado, sin tocarla, pero lo bastante cerca para que ella supiera que no estaba sola. Llevaba una carpeta bajo el brazo, con informes médicos, constancias de tratamiento, controles del embarazo y todo lo que podía demostrar que Sonia estaba en condiciones de declarar, aunque durante meses hubiera estado mal por dentro.
El embarazo ya se le notaba