Vanessa Ríos entró a la comisaría con su abogada a un lado y con la poca dignidad que todavía podía sostenerle la espalda recta.
Bien vestida como siempre.Un pantalón claro, una blusa impecable, el cabello arreglado y el maquillaje suficiente para parecer serena sin verse producida de más. Si alguien la miraba de lejos, todavía podía confundirse y creer que era una funcionaria seria llegando a resolver un malentendido.
Pero sus manos la delataban.
No dejaba de mover los dedos alrededor de la ca