—No… esto es un error.
Erick parpadeó e incluso se restregó los ojos con rudeza, en un intento desesperado por desterrar la cruda realidad que se desplegaba ante él. Anhelaba que aquello fuera solo una pesadilla producto del cansancio. Sin embargo, cada vez que abría los ojos, la imponente silueta en la pantalla gigante permanecía inmutable.
—Es verdad… realmente es él —articuló Erick finalmente, rindiéndose ante la evidencia. Sus hombros se descolgaron; su orgullo, siempre encumbrado en las al