Elly se arrodilló sobre la gastada alfombra del apartamento, intentando concentrar las pocas fuerzas que le quedaban en sus dedos, que se movían con agilidad para cerrar la cremallera de la delgada chaqueta de Felix.
La luz del sol estival de Montana se filtraba por las rendijas de las cortinas, iluminando las motas de polvo que flotaban en el aire. Aquel resplandor creaba un contraste abismal con su propio corazón, ensombrecido por la niebla del miedo.
—Ya que estamos en verano, ¿qué te parece