Elly apoyó la espalda contra la puerta del apartamento, bien cerrada, respirando entrecortadamente como si acabara de correr un maratón. Su corazón latía con fuerza en el pecho, provocando un dolor que se extendía hasta las sienes.
Apretó el teléfono con tanta fuerza que se le marcaron los tendones de los dedos. La pantalla seguía encendida, mostrando la aplicación interna para empleados del hotel a la que había accedido justo antes de que empezara el turno matutino.
El nombre aparecía impreso c