—¿Por qué sigue estando tan borroso…? —murmuró Erick, frustrado.
Entrecerró los ojos con intensidad mientras contemplaba fijamente la pantalla del teléfono de Elly, que aún sostenía entre sus manos.
Aunque Erick había ampliado la imagen al máximo, la línea correspondiente al año de nacimiento en la placa informativa de la cuna del bebé seguía reducida a una masa de píxeles fragmentados. La fecha que contenía la clave de aquel secreto parecía burlarse deliberadamente de él.
—Maldita sea, es demas