Al día siguiente, en el interior de aquel suntuoso y silencioso despacho.
—¡¿Acaso todavía no has descubierto en qué institución educativa está inscrito el niño?! —inquirió Elena.
La frecuencia de su voz se elevó notablemente, tornándose gélida y preñada de esa exigencia absoluta que caracterizaba a la estirpe Vanderbilt.
Su incisiva mirada se incrustó directo en el detective privado de sus servicios, quien en ese instante permanecía inclinado con sumisión frente al escritorio ejecutivo.
—Le o