Elly arribó finalmente ante la oficina de la gerente financiera. El pasillo del hotel, que habitualmente le resultaba tan familiar, de pronto se percibía inhóspito. El corazón le latía a un ritmo un tanto más acelerado; con cautela, llamó a la puerta de madera que tenía enfrente.
—Adelante —resonó una voz masculina desde el interior.
Elly se quedó inmóvil por un instante, deteniendo sus pasos en el umbral. Frunció el ceño con sutil extrañeza; aquel timbre barítono se escuchaba un tanto distinto