Nueva York
Mary permanecía sentada, serena, en un suntuoso sofá en el interior de su hogar. La imponente residencia de la familia Vanderbilt en Nueva York se hallaba sumida en un profundo silencio, sin un solo vestigio de la histeria o la agitación que la habían abrumado a bordo del avión unas horas antes. Con la distinción innata de una dama de la alta sociedad, revisó la notificación de un mensaje que acababa de entrar en su teléfono móvil.
La comunicación provenía de su informante en Montana