Al notar el cambio drástico en las facciones de Elly, que de pronto reflejaban una profunda inquietud y una mirada perdida por la ansiedad, Kenny comprendió de inmediato que su propuesta había desatado una tormenta interna en la mujer. No deseaba presionarla ni hacer que se sintiera acorralada en su propio hogar.
—Aún faltan dos días para mi regreso a Nueva York, por si necesita tiempo para pensarlo —expresó Kenny, comprendiendo la vacilación de Elly.
Su tono de voz se suavizó, impregnado de un