ASHTON GARDNER
El sol apenas comenzaba a colarse por las cortinas. La habitación estaba en silencio.
Liss dormía con la cabeza apoyada en mi pecho, sus dedos todavía entrelazados con los míos. Su respiración era suave. Tranquila. Mi amada Liss dormía realmente en paz.
Yo no podía dormir.
No porque algo me preocupara, sino porque no quería cerrar los ojos y perderme la sensación de tenerla así. Completa. A salvo. Mía.
Había despertado temprano, casi en la madrugada, y entonces escuché el chirrid