ETHAN GARDNER
Olivia temblaba entre mis brazos. Lloraba sin consuelo, con esos sollozos agudos que desgarraban más que mil cuchillos. Su rostro estaba hinchado, la mejilla roja por la bofetada que ese maldito bastardo se atrevió a darle. Tenía las muñecas marcadas, enrojecidas por haber forcejeado con las cuerdas, por haber intentado protegerse… por haber luchado como la guerrera que siempre fue. Pero ahora estaba rota. Rota de miedo, de impotencia, de asco. Y yo… yo no podía hacer nada para bo