ASHTON GARDNER
—¡LISS! —grité al verla inconsciente en el suelo, aún amarrada a esa maldita silla rota, con sangre corriendo por su frente y su labio partido. Me lancé hacia ella como un loco, arrodillándome a su lado—. Mi amor... mi amor, respóndeme, por favor...
Temblaba. No podía dejar de temblar. Mis manos buscaron su pulso con desesperación. Estaba débil, pero presente. Respiraba. Eso me dio un segundo de aire antes de que el miedo volviera a estrangularme el pecho.
—¿Estás conmigo, prince