ASHTON GARDNER
Llegamos a la casa y Liss limpió a Erick. Luego le puso el pijama para acostarlo. Le hicimos los nudos en sus sábanas y salimos.
—Tiene tanta energía —dijo ella con una sonrisa.
—Al fin solos —le susurré, pegándola a la pared y besándola.
—Señor Gardner, contrólese.
—No quiero —sonreí y la seguí besando. Cuando sentí que podía perder la cabeza, me detuve.
—Te amo, Ashton.
—Yo más, mi adorada Liss. Ven, vamos. Te tengo una sorpresa.
—¿Sorpresa? —me dijo con su carita de duda.
—Sí,