LISSANDRA
Los días habían pasado. Sin duda, en este tiempo era la mujer más feliz del mundo. Ashton me amaba con una devoción que jamás creí merecer; me cumplía hasta el más mínimo capricho. Erick estaba feliz junto a su padre.
Ashton estaba lejos de ser ese CEO frío e implacable que solía ver en las reuniones de trabajo. Ahora no le importaba tomarme de la mano, besarme o sonreírme en la oficina. Todos los trabajadores estaban asombrados por el cambio de ese hombre que antes intimidaba a todos