ASHTON GARDNER
Estaba en el despacho, terminando de leer un informe cuando escuché la voz de Ethan gritar desde la entrada:
—¡Ashhhhhh! ¡Ven a la sala! ¡Traigo un regalo que te hará llorar como un niño!
Fruncí el ceño. Cuando Ethan hablaba así, solo podían pasar dos cosas: una broma muy pesada… o una sorpresa con segundas intenciones.
—¿Qué hiciste ahora? —pregunté asomándome al pasillo mientras caminaba hacia la sala.
Ethan estaba de pie como un niño en Navidad, con una sonrisa que le cruzaba