ROSA NEGRA
El cartel de neón parpadeaba a medio funcionar sobre la entrada del viejo local. “Coffee & Net” se leía con una fuente cursi que no encajaba con el olor a humedad del lugar. Levanté la capucha de mi chaqueta negra y empujé la puerta. El sonido de una campanilla oxidada anunció mi llegada.
—¿Una contraseña para el WiFi? Y un latte —pregunté al barista, un chico flacucho con cara de haberse bañado en cafeína.
—“libertad123” —respondió sin mirarme.
Irritante y perfecto. Un sistema tan i