ASHTON GARDNER
Su respiración seguía agitada, pero ya no por el deseo.
Ahora era paz.
De esa que solo existe cuando la tormenta se detiene.
Ella estaba sobre mi pecho, con la mejilla pegada a mi piel y los dedos dibujando círculos lentos justo sobre mi corazón.
Su corazón latía junto al mío.
Desnuda.
Mía. Completamente mía.
La cubrí con la sábana, solo por cuidar que no sintiera frío.
La envolví con mis brazos. La apreté contra mí.
Como si mi cuerpo pudiera protegerla incluso de sus pensamiento