LISSANDRA
La noche era elegante, demasiado perfecta… como toda mentira bien vestida.
Marcus había insistido en que lo acompañara a una obra benéfica.
Sabía que era una trampa social. Mostrarme como suya. Exhibir a la esposa devuelta, recuperada, como si alguna vez hubiese sido un trofeo que perdió y volvió a poseer.
Vestí un vestido negro.
Entallado, sobrio, sin adornos.
Un luto viviente.
Mi rostro lucía intacto. Mi corazón latía con fuerza, si todo salía bien, hoy sería mi última actuación.
Ll