LISSANDRA
Abrí la puerta de casa con una sonrisa en los labios, pero no llegué a dar ni tres pasos cuando algo pequeño y veloz se lanzó hacia mí con los brazos abiertos.
—¡MAMIIII!
—¡ERICK! —exclamé, dejándome caer de rodillas justo a tiempo para atraparlo en un abrazo apretado.
Me rodeó el cuello con fuerza, como si hubieran pasado años desde la última vez que nos vimos. Su carita se enterró en mi pecho, y sentí su respiración agitada y cálida contra mi piel.
—Te extrañé tanto —susurró—. ¡No te