ASHTON GARDNER
Desperté con ella entre mis brazos.
La habitación estaba en penumbras. El sol apenas asomaba entre las cortinas de lino, dejando líneas doradas sobre la piel de mi esposa.
Respiraba lento, profundo, como si el mundo no pudiera alcanzarla mientras yo la rodeara.
Su pierna estaba sobre la mía. Su rostro apoyado en mi cuello.
Y mi mano… aún descansaba en su cintura, como si mi cuerpo supiera que ahí es donde ella debe estar.
Anoche fue más que deseo.
Fue más que piel.
Fue volver