LISSANDRA
No pude dormir.
Ash estaba a mi lado, su brazo firme en mi cintura, su respiración tranquila, pausada… como si no llevara sobre los hombros un peso que yo no podía ver.
Como si no hubiera dejado una bomba sin detonar entre nosotros horas antes.
Intenté cerrar los ojos más de una vez, aferrarme a su calor, al ritmo de su pecho. Pero nada.
Sus palabras seguían rebotando dentro de mí, una y otra vez.
“No es el momento para hablar de eso… si te lo digo, tal vez no vuelvas a mirarme igual.