LISSANDRA
Me puse de lado, aun jadeando suavemente, con el cuerpo saciado, relajado… amado. Ash seguía acariciando mis muslos con la yema de los dedos, como si no pudiera dejar de tocarme.
—¿Te duele algo? —susurró contra mi cuello, besando mi piel con una dulzura que contrastaba con el fuego de minutos antes.
—Solo el alma… de haberte extrañado tanto —dije en voz baja, y él rió con esa risa ronca y maravillosa que se siente como hogar.
Nos incorporamos lentamente, riéndonos entre besos que par