LISSANDRA
La puerta de la mansión se cerró con un leve clic a nuestras espaldas. El silencio de la madrugada nos envolvió como un secreto. Las luces estaban apagadas, y el eco de nuestros pasos sobre el mármol apenas se oía.
No dijimos nada. No necesitábamos hacerlo. Nuestros besos se escuchaban suavemente mientras nuestras risas por dar un paso mal o por casi caernos rompía el silencio.
— Casi me caigo — susurré entre risas.
— Eso se soluciona fácil.
Ash me levantó en sus brazos mientras subía