Vamos, mi vida… vuelve. Estoy aquí.
ASHTON GARDNER
Había pasado una semana.
Siete días sin su risa.
Sin sus bromas.
Sin su voz susurrándome “Ash” en la oscuridad.
Siete días en los que respiraba solo porque ella aún respiraba.
Aunque dormía.
El hospital se había convertido en mi cárcel… y en mi templo.
Dormía en una silla. Comía lo que William me traía todos los días sagradamente. No me movía de su lado.
No podía. No quería.
Su mano… esa pequeña mano que tanto me ha sostenido en la vida, era lo único que no soltaba.
Día y noche,