OLIVIA DRAKE
—Ethan, ¿por qué no vamos a tu casa como siempre? ¿Por qué este departamento? —pregunté mientras subíamos en el ascensor. El lugar estaba vacío, nuevo, elegante. Frío.
No se parecía nada a él.
—Porque este lo reservo para cuando necesito privacidad —respondió sin mirarme.
Se quedó de espaldas a mí, los hombros tensos, la mandíbula apretada. No era el Ethan de siempre. No había bromas, ni sonrisas. Solo… tormenta contenida.
Cuando llegamos, abrió la puerta sin decir palabra y la cer