LISSANDRA
La máquina de café de la oficina sonaba de fondo.
El sol entraba por los ventanales y nosotras…
Bueno, nosotras apenas podíamos caminar bien.
—¿Cómo se atreven a verme a la cara hoy? —dije fingiendo indignación mientras servía mi té.
—No sé tú, pero yo me siento renovada —respondió Tiffany, peinando su cabello ondulado y con una sonrisa pícara—. Aunque tengo moretones… que no fueron causados en el bar.
Todas estallamos en carcajadas.
—¡Lo sabía! —dijo Olivia, tapándose la cara con am