LISSANDRA
Esa noche, Ash no me dio tregua. Jamás imaginé que un hombre pudiera amarme con tanto fuego, con tanta entrega.
Habíamos hecho el amor en todos los rincones de esa habitación… dos noches de bodas. Dos noches donde dejé de ser una mujer rota para convertirme en su esposa, su compañera… su todo y lo mejor, la única dueña de su pasión.
Ahora, mientras él se ajustaba la corbata frente al espejo, yo lo miraba desde la cama envuelta en la sábana. Sonreí sin poder evitarlo.
— ¿Por qué sonríe