ASHTON GARDER
La casa estaba iluminada con una calidez especial aquella noche. Habíamos regresado de París hace apenas un par de días, y Liss aún llevaba en su mirada ese brillo mágico que solo la Ciudad del Amor podía regalarle. Pero esta vez no era solo París. Era ella, era nosotros, era todo lo que habíamos construido juntos.
Los chicos comenzaron a llegar poco a poco. La mesa estaba impecable, gracias a Liss y a Camila, que habían puesto manos a la obra con flores, velas y una vajilla que h