Ashton Gardner
Abrí la puerta sin tocar. No tenía ganas de formalidades ni permisos.
Eydan estaba sentado en uno de los sillones de cuero negro de la sala del fondo, fingiendo leer un libro que llevaba cerrado al menos veinte minutos. Su celular, bloqueado con reconocimiento facial, descansaba sobre la mesa. Su whisky, intacto. Y su cara... como si nada.
—Mira quién llegó —murmuró sin levantar la vista—. ¿No tenías una esposa que cuidar?
No respondí. Caminé lento hacia él, mis pasos firmes sobr