ASHTON GARDNER
La guerra había comenzado.
No aquella guerra de disparos o amenazas, sino una mucho más silenciosa y letal: la financiera. Uno a uno, los pilares de Eydan comenzaban a tambalearse bajo mis manos. Ya no era cuestión de si caería, sino de cuándo. Y pensaba disfrutar cada segundo del derrumbe.
La primera en caer fue una empresa de logística que abastecía a sus principales socios europeos. Una filtración sutil, una demanda bien colocada y una auditoría sorpresiva bastaron para congel