Inmediatamente, la puerta del salón se abrió, dando pasó a dos seres de extraordinaria hermosura. Vestidos con ropas de cortes modernos, pero que evocaban tiempos antiguos, los envolvía un aura tan umbría que parecían robar la luz del lugar. Las piernas de Amaya temblaron, por un momento creyó que se caería. Al mirar al guardia vampiro de la puerta, pudo notar que él experimentaba algo similar a lo que a ella le sucedía.
Ryu salió al encuentro de los dos vampiros recién llegados y su comitiva.