Después de su incursión nocturna en el pabellón de investigación, Amaya y Tiago conversaban constantemente. La Orden no les había contado todo, y era lógico que no lo hiciera, ellos no eran más que peones a los que les controlaban sus vidas desde pequeños, y a quienes les modificaron sus cuerpos para cumplir sus propósitos.
Los dos amigos, sumergidos en especulaciones, planteaban teorías que pudieran explicar el contenido de los archivos cifrados y por qué el de Amaya también lo estaba. ¿Qué