Antes de que los dedos helados de Donovani se cerrarán alrededor del cuello de Amaya, una figura negra se interpuso entre los dos.
Ryu, con expresión serena se plantó frente a su súbdito.
—Señor, por supuesto el derecho de asesinar a esta despreciable cazadora es suyo si lo desea —dijo Donovani, relajando las facciones enojadas de su rostro. Sumiso y con voz melosa, se inclinó levemente.
El príncipe le dedicó una mirada indiferente al vampiro antes de volverse hacia Amaya. Posó las manos en