—Entra pronto —le dijo Amaya a Tiago halándolo del brazo para meterlo en su habitación.
Ambos se sentaron en la cama de una plaza de ella y se miraron por un momento antes de que Amaya encendiera la computadora portátil e introdujera la memoria. Inmediatamente varios archivos aparecieron.
—Copié todo lo que me pareció importante —dijo Tiago a su lado, mirando la pantalla—. Hay algunos que están cifrados.
Amaya comenzó a abrir y leer cada uno de los archivos. Eran, más que todo, las historias