Era de madrugada cuando Amaya abrió la puerta de su habitación cuidando de no hacer ruido. Llevaba puesto el traje negro de polipropileno que usaban para las misiones y parecía fundirse con la oscuridad que reinaba en el edificio. Al pasar por la puerta de Tiago, él ya la estaba esperando.
Ambos habían decidido investigar para conocer la verdad y esta yacía en los archivos restringidos de la división médica. Amaya estaba segura de que el arma tan anhelada por el ministro Oderbrech era una de t