Amaya, sentada en uno de los bancos de piedra del jardín interior tenía los audífonos de su Ipod puestos. No dejaba de pensar en los últimos sucesos de su vida y en como la habían trastornado.
Inconscientemente, se llevó los dedos al cuello y sintió los dos finos puntos, casi imperceptibles, donde Ryu la mordió. A toda costa tendría que evitar que notaran la marca, si alguien la veía estaba perdida.
Se hallaba tan concentrada en sus pensamientos que no advirtió a Tiago sentarse a su lado.
—Te