Made siguió sirviendo tragos a los clientes ansiosos del otro lado de la barra, mientras Noah la miraba vigilante a unos cuantos puestos de Lía. El hombre no apartaba los ojos de ella, ni de los clientes masculinos que se le acercaban. Cada vez que Made atendía a un hombre, Noah apretaba la mandíbula. Lía, en cambio, sonrió al ver su actitud de macho alfa. Llamó nuevamente a la chica para que le sirviera otra margarita.
―¿Es tu novio? ―le preguntó señalando a Noah quien las miraba de soslayo.