Amaya no podía seguir evadiéndolo más, tenía que dar la cara. Aun así, esperó casi a la hora del cierre del comedor, cuando ya casi no había nadie en él para bajar a almorzar.
Seguía sin querer ver a nadie, o más bien no quería ser vista por sus compañeros. El dejarse atrapar por vampiros le pesaba como una condena, era un golpe para su orgullo de cazadora, hubiera sido preferible morir. La muerte en combate era honorable, el haber sido capturada, debilidad y deshonra. Cuando sus camaradas la