Kaia
La brisa se escuchaba como un susurro sutil y jugaba traviesa mientras la tensión nos tenía a todos atrapados en el silencio del asombro.
O, por lo menos, a mí.
Por alguna extraña razón sentí familiaridad, pero más que eso… miedo.
La amenaza frente a nosotros era brutal y peligrosa; sin embargo, me resultaba aún más escalofriante la presencia de Ronaldo, como si él fuera el verdadero enemigo.
Todo era tan confuso…
—¿Ronaldo? —expresé, perdida, pues no entendía qué hacía aquí ni por q