Nevan
Nuestras miradas se mantuvieron conectadas, nuestras respiraciones sofocadas y el silencio extendiéndose más de lo que esperaba.
Noté que las mejillas de Kaia se tornaron más rojas y sus ojos tomaron un brillo más potente, como si una idea atrevida le hubiera atravesado la mente.
—Nevan, quiero que me beses el cuerpo como aquella vez. Me gustó mucho —soltó, sin filtro, aunque la manera de decirlo vino un poco disfrazada. Mas lo entendí: no se refería al “cuerpo” precisamente.
Vaya, qué directa...
¡Por los Woses! Esta mujer estaba encendiendo un fuego que solo ella podría apagar.
—Eso me encantaría, mi hermosa mate... —le dije. No le di tiempo a sopesar mi respuesta, pues la agarré por la nuca, sin delicadeza, y retomé nuestro beso.
Ella me correspondió con la misma hambre. Su lengua buscaba la mía con desesperación, lo que me provocó que los vellos se erizaran y... mi cuerpo cobró vida.
La brisa chocó con nuestra piel y algunas hojas que caían causaban cosquillas en mis brazos d