Nevan
Nuestras miradas se mantuvieron conectadas, nuestras respiraciones sofocadas y el silencio extendiéndose más de lo que esperaba.
Noté que las mejillas de Kaia se tornaron más rojas y sus ojos tomaron un brillo más potente, como si una idea atrevida le hubiera atravesado la mente.
—Nevan, quiero que me beses el cuerpo como aquella vez. Me gustó mucho —soltó, sin filtro, aunque la manera de decirlo vino un poco disfrazada. Mas lo entendí: no se refería al “cuerpo” precisamente.
Vaya, qué di