Nevan
Para cuando regresamos a Luna Roja, ya era de noche. Tanto Nivi como Kaia dormían plácidamente, pues el viaje por carretera fue largo.
Me quedé observando el bello rostro de mi solecito. Lucía tan en paz.
—¿Cómo puedes verte tan hermosa incluso dormida? —pensé en voz alta.
Tuve la tentación de acariciarle las mejillas o darle un beso, pero me contuve. Lo menos que deseaba era asustarla con mi impulso.
«Es un buen momento para enfrentar», me dijo mi lobo, cambiando el ambiente por uno oscu