Zebela
Después de desayunar, miré a Bastian con firmeza al recordar lo que Zael me había dicho acerca de la tarjeta que él me había dado.
—A propósito... —empecé a hablar con duda en el tono de voz. Me sentía un poco cohibida y temerosa, y mi corazón inquieto no ayudaba a calmarme. ¿Por qué hablar de algo tan simple me ponía tan nerviosa?
—¿Sí? —inquirió él impaciente, dado que mi continuación se quedó en el aire.
—Zael me estuvo contando acerca de los salarios de los empleados de la manada y c