Zebela
Hice una mueca de desaprobación cuando Zael empezó a molestarme. Esta vez no lo hacía solo, sino que también se le unió la empleada que solía limpiar mi habitación.
Me quedé sorprendida cuando ella le siguió el juego, pues desde el principio había mantenido una distancia fría, pero ahora se veía de lo más amigable.
Pese a lo molesto que era soportar las especulaciones de Zael, me agradaba que la chica cambiara su actitud conmigo.
—Estás imaginando cosas —dije al salir del baño, ya vestid