Zebela
De repente, noté una incomodidad preocupante en Dan: su ceño se frunció, sus ojos se abrieron en alerta y comenzó a mirar por el retrovisor a cada segundo.
Lo miré, aterrada, y luego dirigí la vista al cristal trasero del vehículo.
—¿Nos están siguiendo? —pregunté al notar varias camionetas detrás de nosotros.
Dan se aclaró la garganta antes de responder.
—No estoy seguro —dijo—, pero es probable.
Apreté los puños, tratando de mantener la compostura y de no permitir que los nervios me tr