Zebela
Las gotas tibias sobre mi piel eran reconfortantes y aliviaban la sensación de suciedad en mi cuerpo, aunque no podía decir lo mismo de mi interior.
Estaba devastada, y la incertidumbre me tenía a punto de perder el vestigio de cordura que me quedaba. Era tan injusto que Roan se saliera con la suya, que no hubiera escapatoria para mí. Era como si todos mis temores y pesadillas se hubieran hecho realidad.
Lo odiaba.
Él era ese monstruo que me esclavizaba y destruía todo lo que era valioso