Escapando de un mal amor. Capítulo Un perdón no basta si no hay amor
Horas más tarde, Samuel aparcó su auto frente a una pequeña cafetería escondida entre las calles del centro.
Encendió y apagó el motor tres veces, nervioso, con el corazón alterado por la incertidumbre.
Se bajó del coche, ajustándose la chaqueta, y entró al lugar, mirando en todas direcciones. No quería ser visto. No quería preguntas.
Y allí estaba Olivia, sentada en una esquina, tomando un café con las uñas perfectas y una sonrisa ambigua en los labios.
Samuel se acercó con el ceño fruncido.
—¿